Se está acostumbrando a emigrar al revés, como si los nidos inversos estuvieran ahora en cualquier parte, buscando quizás suavidad, quizás aspereza, o ambas para no decidirse de pronto y echarle la culpa al impulso, o a las estrellas, de todo aquello que ya sabes, o no sabes es verdad, porque nunca sabes nada.
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